CERO RIESGOS y la prevencion en salud
(publicado en www.alcalorpolitico.com agosto 14, 2008)
CERO RIESGOS Y LA PREVENCION EN SALUD
El sida, el cáncer y otros fantasmas
¿Es la conducta de riesgo inherente al ser humano civilizado? ¿Es un producto indeseable de la civilización?
Fco. Javier Beltrán Guzmán, Irma Aída Torres Fermán
Club Rotario Xalapa
Para Ayulia, con cariño…
En la edición del diario Reforma de la Cd. De México, el sábado 9 de agosto en la sección de cartas de los lectores aparecía una dirigida a la redacción en donde señalaba que en el reciente congreso sobre el VIH que se celebró en la Cd. De México, ellos propusieron que la mejor estrategia para combatir el Sida era la de CERO RIESGOS, es decir, tener relaciones solo con tu pareja o bien la abstinencia.
Comenta que su propuesta no fue muy bien aceptada, que los insultaron y que les arrojaron condones.
Y se preguntaban por qué reaccionaron así, solo era una propuesta. Consideramos que esa reacción es indicativo de una falta de compromiso con la solución: si el problema es grande, como dicen que es el SIDA, la respuesta debe ser radical como cuando hay que extirpar un seno en una mujer que padece de cáncer de mama. En algunas situaciones no podemos usar solo paliativos.
Desde luego que la vía de las relaciones sexuales no es el único medio para contraer el Sida, puede ser a través de transfusiones, uso de jeringas contaminadas o que te salpique sangre de alguien que porte dicha enfermedad y penetre en alguna herida o por los ojos, por ejemplo. Sin embargo, en estas situaciones también puede aplicarse el principio de CERO RIESGOS o en el menor de los casos reducir los riesgos al mínimo.
Pero, primero veamos que es un RIESGO, un riesgo es un factor que potencializa la aparición de un daño. Un solo factor de riesgo no causa el daño en sí mismo, solo lo probabiliza. Pero si vamos sumando riesgos entonces la probabilidad de causar el daño en el individuo se hace cada vez más seguro.
Veamos algunos de ellos, por momentos tan inocuos que los pasamos por alto. Por ejemplo, lavarnos las manos antes de comer o después de ir al baño, fumar, automedicarnos, las mujeres el no asistir con el ginecólogo para revisión al menos una vez al año, conducir un auto en estado de ebriedad (ya vimos la espantosa muerte de unas personas la semana pasada que murieron calcinados) arrojar basura en la calle, desperdiciar el agua, uso excesivo de aparatos eléctricos y así entre muchos otros.
Diariamente tenemos evidencia de ello y de sus consecuencias, pero únicamente cuando nos vemos afectados directa o indirectamente es que algo nos toca, nos cimbra y se abre una posibilidad de cambiar pero resulta ser solo eso: Una posibilidad. Pero la falta de conciencia nos hace cometer conductas de riesgo una y otra y otra vez que, en un proceso acumulativo vamos propiciando las condiciones para hacernos daños a nosotros mismos, y lo que es peor, a otros.
La pregunta tal vez existencial en algún grado es por qué al ser humano le gusta vivir en el filo de la navaja, acumulando riesgos, provocándose daño a sí mismo y a los demás. Entonces tenemos uno de dos caminos: o nos inclinamos por seguir el camino del control de riesgos o prevención, o bien, la tortuosa vereda del control de daños.
El camino de la prevención es sin duda el camino que debemos seguir. Todo es una cuestión de hábitos de conducta pero ¿por qué es tan difícil romper un hábito que daña nuestra salud o nuestro ambiente inmediato? Se requiere desde luego algo más que un cambio de conducta, se necesita un cambio de mentalidad, un proceso cognitivo que nos lleve a la metacognición a través de una actividad reflexiva que nos permita promover un cambio en nuestro comportamiento y en nuestras creencias y conciencia en salud.
La educación comienza con la vida por ello somos los padres los principales responsables de nuestra educación en general y de nuestra educación en salud en particular apoyados idealmente por el sistema educativo. Sin embargo, aún cuando como padres tratemos de formar a nuestros hijos en todos los aspectos relevantes de la vida aún nos queda la capacidad de decisión de ellos cuando comienzan a ser adultos.
Si a ello le agregamos esa sensación de omnipotencia que tenemos cuando jóvenes nos lleva a cometer errores de juicio y con ello a desarrollar comportamientos nocivos para nuestra salud tanto de comisión como de omisión, la situación se vuelve crítica.
¿Qué hacer? Por momentos pareciera que todos los caminos están cerrados: No existe la voluntad política para hacer tal o cual cambio en una colonia, en un pueblo, o en una nación. En las escuelas se coarta la educación en salud, la del cuidado del ambiente, los intereses económicos favorecen comportamientos no favorables para la salud, en alimentación por ejemplo. Aquí en Xalapa, La ignorancia de nuestra gente se ve reflejada cuando usan el agua de los bebederos instalados en el parque Juárez para lavar sus trastos o cuando jóvenes ociosos pegan chicle en ellos. Por otra parte, nuestros hijos, ahora adultos toman sus propias decisiones y nosotros solo podemos observar o hacer tímidamente una sugerencia.
Al final creemos que hay un solo camino para lograr los CERO RIESGOS: el que uno mismo tiene que seguir para cambiar sus conductas de riesgo, para mejorar su calidad de vida e impactar en alguna medida a los que están a su alrededor. Pero para que eso suceda primero se tiene que estar consciente de ello.
PIENSE, REFLEXIONE: NO ENFERMARSE, NO DAÑAR EL AMBIENTE, LA SALUD DE USTED Y DE LOS SUYOS DEPENDE DE QUE NO ASUMA CONDUCTAS DE RIESGO, NO DEL DESTINO, NI DE LA BUENA FORTUNA.

cristna garcia dijo
quiero encontrar a una persona pero solo tengo su celular quisiera mas informacion
2 Junio 2009 | 02:51 AM